Personalizaciones
¡Buenos días bebitos!
Agujeros, anillos, heridas, complementos, perforaciones, pendientes... y Piercings.
Las perforaciones han existido desde el comienzo de los tiempos. Los Mayas los llevaban en la nariz, orejas y labios, para mostrar su rango, la realeza egipcia se agujereaba el ombligo como señal de distinción... Así que esta moda, ya sea por estética o por temas culturales, se ha llevado a cabo durante muchos años.
Se conoce, que la razón común de hacerse estas perforaciones, es en la etapa de la adolescencia, cuando los chicos estamos realizando cambios tanto físicos como hormonales y nos gusta experimentar nuevos cambios en nuestro cuerpo.
Pero hoy en día, tienen un contenido sociocultural muy importante. Muchas modas y tribus urbanas se han apropiado de ellas, aunque también les han dado mala fama, porque... ¿cuántas veces hemos pensado que una persona es peligrosa solo porque tenga como diez perforaciones en la cara y cinco tatuajes en su brazo? Con el paso del tiempo esto se ha ido normalizando e, incluso, en el mundo laboral, ya que cada vez más gente puede trabajar luciendo sus tatuajes sin que nadie le juzgue por tenerlos.
Aún todo esto, creo que el primer pendiente o tatuaje que se hace un hijo es motivo de debate en casa 100% asegurado, o al menos lo fue en mi caso. Mi primer pendiente, el segundo de la parte baja de la oreja, me lo hice con una amiga y en compañía de nuestras madres. Ya os podéis imaginar la escena...
Cuando me hice mi primer agujero -sin permiso- en la parte superior de la oreja derecha (el del cartílago), me puse un aro hipoalergénico y, me pasé casi un año entero diciéndole a mi madre que era de mentira, que se había puesto de moda y por eso lo llevaba... Ya claro. Eso solo duró un tiempo, hasta que mi madre se sentó en el sofá y toda seria me dijo: "Ven aquí y deja que te vea el pendiente"... mi cara lo dijo todo. La verdad es que pensé que el castigo que me caería iba a ser muy grande, pero resultó que no se lo tomó tan mal, pero eso sí, me pidió que si alguna vez me hacía otro, le avisara.
Y ahora, nos encontramos con el último que me he hecho: el tragus. Es el del trago de la oreja. Tranquilos, este fue con aprobación aunque no le gustara demasiado...
En conclusión, cada uno buscamos nuestro estilo de vida, nuestra personalización. Unos se sentirán más a gusto sin perforaciones ni tatuajes, pero otros -dónde me incluyo- nos sentimos mejor marcando recuerdos y momentos de por vida o haciéndonos perforaciones (dónde he de decir que la mayoría que nos hacemos ya es por vicio, engancha demasiado...). Vive y deja vivir, pero sobretodo haz de tu vida tu única existencia, ya sea porque te gusten los piercings, los tatuajes o coleccionar fotografías de paisajes.
N.
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