Conociéndonos...

Merry Christmas

Hola bebitos,

Hace días que llevo dándole vueltas a la idea de hablaros acerca de la Navidad. Época de alegrías, regalos, reuniones familiares, reconciliaciones, música, aguinaldo,... No se a vosotros, pero ésta es sin duda mi época favorita del año.

Veréis, cuando era pequeña, deseaba que llegarán estas fechas, en especial nochebuena porque, aunque nunca se lo digo a nadie, es mi santo, pero shh.., lo guardaremos en secreto. Para mí, era algo mágico. Recuerdo el momento en que toda la familia montábamos y adornábamos el árbol de navidad, y buscábamos una a una las piezas del belén para ponerlas de manera milimétrica y cuidando cada detalle. Claro está, como mi hermano era más pequeño, siempre era yo la que le cogía en brazos para que colocara la estrella.

Aunque, ahora que lo pienso, cuánta paciencia tenían mis padres con nosotros dos. Menudo par de trastos estábamos hechos. Imagino que, como todos los niños, la ilusión nos podía y queríamos montar los adornos por nuestra cuenta, creyendo que, así, Papa Noel y los Reyes Magos llegarían antes. Menos mal que mamá, con el cariño que le caracteriza, sabía tranquilizarnos y conseguía que todo quedara genial.

Me encanta la cena de Nochebuena, con toda la família sentada en la mesa, cantando villancicos, haciendo los típicos chistes, malos todos, por cierto,.. En fin, lo que es una cena familiar a lo grande.

Aunque, el mejor y más sufrido momento, además de la noche en que esperamos a Santa, es la hora de redactar la carta de las cosas que queremos por Navidad. No podría deciros el número exacto de revistas de juguetes que había por casa. Montones y montones. Y, al final, siempre acababas pidiendo lo mismo, el juguete de moda. Que si barbies, que si coches teledirigidos, perritos,... Un caos. Sólo me quedaba tranquila cuando se la entregaba al mismísimo Santa y le decía que había sido muy buena y que esperaba que me trajera toda la larga lista que había pedido. El día 25 de diciembre, cuando despertaba, mi hermano y yo nos mirábamos, y nos faltaba tiempo para salir corriendo a por el árbol. Solo faltaba gritar al mismo tiempo, ¡A por él!. Y allí estaban, todos los regalos que le habíamos pedido. Que sensación tan increíble...

A medida que cumples años, pierdes la inocencia y, los regalos pasan a convertirse en deseos. Deseas la salud y bienestar de todos tus seres queridos, que es lo más importante y, sobretodo, estar rodeados de ellos durante mucho mucho tiempo. Aunque, no nos vamos a mentir, siempre seguiremos con la ilusión de qué encontraremos bajo el árbol.

Así que, chicos, espero que sigáis con la misma alegría e ilusión que teníamos de niños.


¡Feliz Navidad y Felices Fiestas!

N.

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